Testigos del amor de Dios
Publicamos el artículo publicado en La Razón de hoy, escrito por Mons. Rafael Palmero Ramos, Obispo de Orihuela-Alicante.
Queda redonda la invitación, cuando se obtiene respuesta. Si con ella viene, además, el compromiso, miel sobre hojuelas. Consagrados al Señor, no sólo por el Bautismo, también por el sacramento del Orden, los sacerdotes vivimos con gozo el amor que Dios nos tiene, que es el que cada uno de nosotros tiene a los hermanos. Dedicados a predicar la Palabra de Dios, a celebrar los sacramentos y a guiar a las comunidades que tenemos encomendadas, somos testigos cualificados del amor que Dios nos tiene, del «don recibido que, por naturaleza, tiende a convertirse en don dado». Son muchos los niños y jóvenes que no han pensado en orientar su vida hacia un futuro esperanzador. Más aún, hay padres y educadores que dicen: «No les hablemos de vocación, porque van dar una respuesta negativa...». Pues bien, digo yo, si nos la dan negativa, ya responden a la pregunta, que es siempre invitación. Si responden que lo van a pensar o que están decididos, nuestra Iglesia Diocesana podrá contar con ellos. La vocación, como regalo de Dios, tiene mucho que ver con el amor que Dios tiene a todos. El Seminario es comunidad de amor entre hermanos, que se quieren bien y se ayudan a madurar, humana y espiritualmente. De ahí nuestro proyecto de nuevas y acariciadas acciones para invitar a adolescentes y jóvenes a que vean dónde se necesita amor y actúen. ¿Cómo? Dejándolo todo, como los primeros apóstoles, y viviendo en intimidad con Jesús. Después serán enviados, como nosotros. Y darán testimonio con su vida. No hay en la vida aspiración más noble que sellar con la sangre la convicción profunda que ha venido orientando nuestros pasos. Un hombre entregado a los demás. A Dios y a los hermanos.
 
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